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jueves, 27 de marzo de 2014

27 de Marzo 2014 - Libre albedrío (2)

 “Las aves celestiales cantan y llenan el espacio mientras disfrutamos de la vida plena, ya sea en este lugar o en otro que no tiene tiempo, excepto el que se da con el amor intenso. No tengo otra labor de dar gloria a la gloria, no siembro otra semilla ante el espacio abierto de las estrellas, hubo y habrá miles y millones de entes, ellos beben de las fuentes eternas. Todo momento tiene su hora, los amantes se juntan también, resuenan los sones de su interior, tras un fondo profundo de comprensión”

El libre albedrío o libre elección es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas y religiosas  que sostienen que las personas tienen la facultad de poder de elegir y tomar sus propias decisiones. Para seguir con la reflexión del día de ayer, dos preguntas: ¿Nuestro destino está fijado de antemano?, ¿somos dueños de nuestro destino? Si está fijado de antemano implicaría que una vez que se produjeron causas luego aparecieron las consecuencias, y la segunda apuntaría a si somos o no capaces de tomar decisiones.

Algunas corrientes orientales insinúan que como personas estamos expuestos a las decisiones de los dioses, eso es definitivamente determinismo, y como la cuestión no está muy clara otros se inclinan con una opción compartida, o sea, el ejercicio de la voluntad es adecuado a los cánones establecidos, si usamos la inteligencia con criterio y nos mantenemos alerta tendremos la opción de escoger, entregándonos un cierto nivel de libertad.

La aparente libertad que se menciona no es total, no se pueden hacer cosas fuera de las leyes naturales. Cada persona viene con una mochila de posibilidades desde el nacimiento, posibilidades que terminan si potencialmente no son expresadas. Los aspectos de esta potencialidad se reducen a actos, de acuerdo con una voluntad en parte consciente y en parte inconsciente que busca realizar. De ese modo podemos decir que algunas personas vienen al mundo a cumplir ciertos fines o propósitos determinados a sí mismo, siendo el nacimiento la oportunidad para cumplirse.

Ahora, la libertad real no está descrita para las personas porque para ser libres de este espacio consciente nuestro mirar debe estar desde lo real, dado que lo establecido en el pasado - como ya escrito - decide por el futuro del personaje, y este está atrapado entre lo que ha sucedido y lo que debe suceder, podemos llamarlo destino o karma, pero no es libertad. Las personas no pueden haber nacido de otro modo que como han nacido, ni han poseído otras posibilidades que las que les ha entregado la herencia genética naturalmente por el nacimiento y no pueden realizar ambiciones para las cuales no tiene los medios ni los modos de ejecutarlas, o sea, solo responden a sus cualidades y potencialidades. 

La mayoría de las posiciones que conocemos son fragmentarias, lo recomendado sería entender la Conciencia y su relación en este proceso, la Conciencia y su umbral de comprensión no se manifiesta a través de nosotros, sino que somos Conciencia. El umbral de comprensión de la conciencia es la que establece el precedente de si somos víctimas o estamos condicionados y programados por las circunstancias, o nos movemos como presenciadores de los movimientos de la conciencia como luz, o si lo quieres, como legítimos hijos de la Luz, siendo Luz en conciencia y comprensión. R.Malak.

miércoles, 26 de marzo de 2014

26 de Marzo 2014 - Libre albedrío (1)

La mente es una función de la conciencia que está diseñada para manejar los pares opuestos, la naturaleza la preparó para que estuviera regida por la aplicación llamada causalidad, por tanto, en ese aspecto es claro que no somos libres. Esto define una ley que es conocida como el Hacer o karma. Las expresiones que llamamos destino serían por tanto todas las escrituras del pasado quedando establecidas como orden para ser cumplidas por el Hacer. La aparente libertad o libre albedrío es el mismo condicionamiento expresado en el presente, aunque la relación tiempo este implícito, lo cierto es que son uno solo y lo mismo, el Hacer ya escrito o el Hacer en ejecución.
                                                               
La pregunta que podríamos presentar es: ¿qué tan libres somos? ¿Podemos elaborar, construir y re- escribir de nuevo nuestra historia si es que no nos agrada la que estamos viviendo? Al ejercitar el libre albedrío en el pasado, o mejor dicho, al reescribir nuestro futuro, trajimos al ahora lo que se llama “destino resultante”. Por tanto, al ejercitar el libre albedrío en el presente, podríamos construir y reconstruir nuestra historia, pero atención, es la misma historia de la identidad que estamos representando, la misma historia del personaje actual.

En la ética o la moral tiende a establecerse que las personas son responsables de sus propias acciones, y por ende, de sus consecuencias. La psicología y la fisiología establecen que se pueden controlar algunas de las acciones del cuerpo y de la mente, obviamente de las que se es consciente, no de las que quedan desconocidas.

Una gran mayoría de personas supone que somos libres, supone que lo que escogen, las decisiones que toman y las acciones que ejecutan son decisiones individuales, y piensan que en cada momento pueden enmendar rumbos. Por lo que hemos vivido sabemos que esta aparente libertad está sujeta a la necesidad que es demandante. El modo como hacemos las cosas no cambia tan solo al quererlo, incluso a pesar de todas las reflexiones que podamos hacer. Desconocemos qué somos y que como personas estamos atrapados en un cuerpo con un juego de genes demandantes, con un carácter heredado y con una educación y cultura implantadas al principio de nuestra vida. Solo allí nos damos cuenta del proceso y podemos comprender esta ilusión.

A veces acontece que las personas son desafortunadas y se topan con un juego de circunstancias que la mayoría llama mal destino, desconociendo que es el resultado de causas, en su mayor parte, accidentales, y por lo tanto pueden estar entretejidas de una manera muy suelta. Existe siempre la gran tentación de pensar de una manera condicionada y suponer que las cosas son como uno las ve, pero un número enorme de cosas se hacen automáticamente sin que seamos conscientes de ello. La sumisión a lo Esencial significa abandonar todos los pensamientos y concentrar la mente en Ello. Si las acciones de la mente, del lenguaje y del cuerpo se sumergen en lo Divino, todo el fardo de nuestra vida estará en manos de Sí mismo. R.Malak